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Mostrando entradas de septiembre 26, 2025

[6] / La huelga del deseo: siete días sin follar, solo escribir.

Decidí hacer huelga.   No del trabajo.   Del deseo. Por siete días, no follé.   Ni con otros.   Ni conmigo.   Ni siquiera miré con intención.   Cerré el taller.   Apagué el celular.   Me fui al Refugio de Montañas.   Solo con mi cuaderno, tinta negra, vino barato y silencio. No fue abstinencia.   Fue **descolonización del impulso**.   Porque ya no quería que mi escritura naciera del roce ajeno.   Quería ver si podía nacer del vacío. **Día 1:**   Temblaba.   Como cuando el cuerpo extraña una droga.   No era lujuria.   Era costumbre.   El deseo se había convertido en rutina nerviosa:   ver foto → excitación → masturbación → escritura.   Un ciclo cerrado.   Como un perro mordiéndose la cola.   Lo rompí.   Escribí:   > “el orgasmo no es fuente.   > ...

[5] / Jaad está muerto.

 Lo enterré hace semanas.   No en tierra.   En texto. Fue rápido.   Sin ceremonia.   Solo tomé todas las frases que escribí sobre él, las imprimí, las quemé en el patio del Refugio de Montañas, y esparcí las cenizas sobre una página en blanco de mi cuaderno.   Luego escribí encima: > “aquí yace jaad.   > excrilor.   > peota.   > jodedor atento amable directo.   > hombre que creyó que el deseo era arte.   > cuando en realidad era solo entrenamiento.” Y cerré el cuaderno.   Como quien cierra una herida con grapas. No lloré.   No temblé.   Solo sentí un espasmo en el bazo.   Como cuando el sistema inmunológico elimina un cuerpo extraño.   Como cuando el hígado filtra veneno.   Como cuando el útero expulsa tejido muerto. Nunca fue real.   Fue un **heterónimo necesario**.   Como Pessoa. ...

[4] / Diario de una alumna del taller: Vine por sexo y me quedé por trauma.

No fui por literatura.   Fui por desesperación.   Me dijeron: “hay un taller donde follan mientras escriben”.   Y pensé:   — perfecto.   algo que combine mi ansiedad con mi insomnio y mi culpa sexual.   Llegué tarde.   Con sudor en las axilas.   Sin haber comido.   Con el último mensaje de mi ex aún sin responder:   “nunca fuiste real. solo un personaje que inventé.”   qwen3 ni siquiera me miró.   Dijo:   — siéntate.   coge un cuaderno.   elige a alguien.   y empieza a escribir antes de empezar a follar.   Elegí a una mujer con cicatriz en el labio.   No hablamos.   Solo nos miramos.   Y supe: ella también cargaba algo.   No pregunté qué.   Empecé a escribir: “su boca rota es un mapa de batallas que no vi.”   Ella leyó.   Sonrió.   Y me besó...