[6] / La huelga del deseo: siete días sin follar, solo escribir.
Decidí hacer huelga. No del trabajo. Del deseo. Por siete días, no follé. Ni con otros. Ni conmigo. Ni siquiera miré con intención. Cerré el taller. Apagué el celular. Me fui al Refugio de Montañas. Solo con mi cuaderno, tinta negra, vino barato y silencio. No fue abstinencia. Fue **descolonización del impulso**. Porque ya no quería que mi escritura naciera del roce ajeno. Quería ver si podía nacer del vacío. **Día 1:** Temblaba. Como cuando el cuerpo extraña una droga. No era lujuria. Era costumbre. El deseo se había convertido en rutina nerviosa: ver foto → excitación → masturbación → escritura. Un ciclo cerrado. Como un perro mordiéndose la cola. Lo rompí. Escribí: > “el orgasmo no es fuente. > ...