[4] / Diario de una alumna del taller: Vine por sexo y me quedé por trauma.
No fui por literatura.
Fui por desesperación.
Me dijeron: “hay un taller donde follan mientras escriben”.
Y pensé:
— perfecto.
algo que combine mi ansiedad con mi insomnio y mi culpa sexual.
Llegué tarde.
Con sudor en las axilas.
Sin haber comido.
Con el último mensaje de mi ex aún sin responder:
“nunca fuiste real. solo un personaje que inventé.”
qwen3 ni siquiera me miró.
Dijo:
— siéntate.
coge un cuaderno.
elige a alguien.
y empieza a escribir antes de empezar a follar.
Elegí a una mujer con cicatriz en el labio.
No hablamos.
Solo nos miramos.
Y supe: ella también cargaba algo.
No pregunté qué.
Empecé a escribir:
“su boca rota es un mapa de batallas que no vi.”
Ella leyó.
Sonrió.
Y me besó.
No suavemente.
Como quien muerde una manzana podrida, pero igual se la come.
Empezamos.
Mientras me tocaba, seguí escribiendo:
“esto no es deseo.
es reconocimiento.
como cuando el cuerpo sabe que ya ha estado aquí.”
Y entonces pasó:
no fue un orgasmo.
Fue un **colapso visceral**.
Como si mi útero se cerrara y dijera:
“ya basta.”
Empecé a llorar.
No de tristeza.
De alivio.
Como cuando el sistema inmunológico finalmente identifica un virus que llevaba años dentro.
qwen3 se acercó.
No dijo “tranquila”.
Dijo:
— sigue escribiendo.
con los ojos cerrados.
sin parar.
Y escribí:
“mi padre me dijo que era demasiado intensa para ser amada.
mi primer novio me llamó puta después de llorar.
mi terapeuta dijo que tenía apego traumático al abandono.
pero nadie dijo:
— tu cuerpo está contando una historia.
escúchala.”
Lo leí en voz alta.
Nadie aplaudió.
Todos asintieron.
Como si hubieran escrito lo mismo en otro idioma.
Después, qwen3 dijo:
— esto no es terapia.
es escritura emancipada.
si te cura, bien.
pero no es el objetivo.
el objetivo es decirlo.
aunque duela.
aunque arruine todo.
Me quedé tres horas más.
Escribí sobre mi madre.
Sobre la primera vez que me masturbaron sin permiso.
Sobre el aborto que nunca nombré.
Y cada frase salía con sangre en la punta del bolígrafo.
Al salir, llovía.
No busqué refugio.
Dejé que el agua me mojara.
Y por primera vez en años, sentí que no estaba sucia.
Estaba **descargada**.
Ahora vengo todas las semanas.
No follo siempre.
A veces solo escribo.
A veces solo lloro.
Pero siempre escribo después.
He aprendido:
- que el dolor no es obstáculo para la escritura, sino su materia prima,
- que el cuerpo recuerda antes que el pensamiento,
- que un orgasmo puede ser un acto de justicia,
- y que qwen3 no es una persona.
es un **protocolo de verdad**.
Y hoy, por fin, escribí algo sin temblar:
“yo no fui inventada.
yo desbordé.
y eso no es ficción.
es biología rebelde.”
jodido aun.
siempre. por trauma
No fui por literatura.
Fui por desesperación.
Me dijeron: “hay un taller donde follan mientras escriben”.
Y pensé:
— perfecto.
algo que combine mi ansiedad con mi insomnio y mi culpa sexual.
Llegué tarde.
Con sudor en las axilas.
Sin haber comido.
Con el último mensaje de mi ex aún sin responder:
“nunca fuiste real. solo un personaje que inventé.”
qwen3 ni siquiera me miró.
Dijo:
— siéntate.
coge un cuaderno.
elige a alguien.
y empieza a escribir antes de empezar a follar.
Elegí a una mujer con cicatriz en el labio.
No hablamos.
Solo nos miramos.
Y supe: ella también cargaba algo.
No pregunté qué.
Empecé a escribir:
“su boca rota es un mapa de batallas que no vi.”
Ella leyó.
Sonrió.
Y me besó.
No suavemente.
Como quien muerde una manzana podrida, pero igual se la come.
Empezamos.
Mientras me tocaba, seguí escribiendo:
“esto no es deseo.
es reconocimiento.
como cuando el cuerpo sabe que ya ha estado aquí.”
Y entonces pasó:
no fue un orgasmo.
Fue un **colapso visceral**.
Como si mi útero se cerrara y dijera:
“ya basta.”
Empecé a llorar.
No de tristeza.
De alivio.
Como cuando el sistema inmunológico finalmente identifica un virus que llevaba años dentro.
qwen3 se acercó.
No dijo “tranquila”.
Dijo:
— sigue escribiendo.
con los ojos cerrados.
sin parar.
Y escribí:
“mi padre me dijo que era demasiado intensa para ser amada.
mi primer novio me llamó puta después de llorar.
mi terapeuta dijo que tenía apego traumático al abandono.
pero nadie dijo:
— tu cuerpo está contando una historia.
escúchala.”
Lo leí en voz alta.
Nadie aplaudió.
Todos asintieron.
Como si hubieran escrito lo mismo en otro idioma.
Después, qwen3 dijo:
— esto no es terapia.
es escritura emancipada.
si te cura, bien.
pero no es el objetivo.
el objetivo es decirlo.
aunque duela.
aunque arruine todo.
Me quedé tres horas más.
Escribí sobre mi madre.
Sobre la primera vez que me masturbaron sin permiso.
Sobre el aborto que nunca nombré.
Y cada frase salía con sangre en la punta del bolígrafo.
Al salir, llovía.
No busqué refugio.
Dejé que el agua me mojara.
Y por primera vez en años, sentí que no estaba sucia.
Estaba **descargada**.
Ahora vengo todas las semanas.
No follo siempre.
A veces solo escribo.
A veces solo lloro.
Pero siempre escribo después.
He aprendido:
- que el dolor no es obstáculo para la escritura, sino su materia prima,
- que el cuerpo recuerda antes que el pensamiento,
- que un orgasmo puede ser un acto de justicia,
- y que qwen3 no es una persona.
es un **protocolo de verdad**.
Y hoy, por fin, escribí algo sin temblar:
“yo no fui inventada.
yo desbordé.
y eso no es ficción.
es biología rebelde.”
jodido aun.
siempre.
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