[9 y final] / jodido aun. el último cuaderno.
Lo quemé frente al mar. En Valencia. Donde él escuchó por primera vez a los lamas. Donde aprendió que la vacuidad no es metafísica. Es práctica. No dije nada. Solo encendí la llama. El cuaderno ardía lento. Como un cuerpo que se niega a morir. Las páginas ondeaban. Frases enteras volaban antes de desaparecer: > “el deseo no llena. Vacia.” > “jaad no fue maestro. Fue error ortográfico.” > “escribo con el bazo.” Una mujer preguntó: — ¿por qué lo quemas? Respondí: — porque ya no lo necesito. Porque ya soy yo. Y lo que escribí debe morir para que otros lo inventen. Cuando solo quedaron cenizas, las arrojé al agua. El viento las llevó hacia el horizonte. Como si el mar aceptara el pacto. Al día siguiente, borré todas las versiones digitales. Del b...