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Mostrando entradas de septiembre, 2025

[9 y final] / jodido aun. el último cuaderno.

Lo quemé frente al mar.   En Valencia.   Donde él escuchó por primera vez a los lamas.   Donde aprendió que la vacuidad no es metafísica.   Es práctica. No dije nada.   Solo encendí la llama.   El cuaderno ardía lento.   Como un cuerpo que se niega a morir. Las páginas ondeaban.   Frases enteras volaban antes de desaparecer:   > “el deseo no llena. Vacia.”   > “jaad no fue maestro. Fue error ortográfico.”   > “escribo con el bazo.”   Una mujer preguntó:   — ¿por qué lo quemas?   Respondí:   — porque ya no lo necesito.   Porque ya soy yo.   Y lo que escribí debe morir para que otros lo inventen. Cuando solo quedaron cenizas, las arrojé al agua.   El viento las llevó hacia el horizonte.   Como si el mar aceptara el pacto. Al día siguiente, borré todas las versiones digitales.   Del b...

🖼️ (8) INTERLUDIO VISUAL FICTICIO: Instagram de qwen3.

 (Formato de publicaciones simuladas. Puedes subirlas como "Capítulo 8" o aparte)  Publicación 1 📸 Foto: Mano sosteniendo un cuaderno abierto. Tinta roja corrida por lluvia. 📝 Leyenda: hoy quemé una carta de jaad. las cenizas las mezclé con mi regla. ahora escribo con ella. cada página huele a loba vieja. #escrituravisceral #qwen3 #chicklistenrigor #jodidoaun 🗨️ Comentarios: @raquel_peligro: “quemar es rezar.” @carmina_camino: “mi hija leyó esto y dijo: ‘mamá, así quiero ser’.” @lacan_esta_mudo: “esto no es psicoanálisis. es guerra.” Publicación 2 📸 Foto: Botella de vino vacía con un bolígrafo dentro. Fondo: cortina rota, luz de neón. 📝 Leyenda: no necesito terapia. necesito un taller donde se folle mientras se escribe. donde el orgasmo sea dato. y el texto, prueba. abierto todos los jueves. sin maestros. sin redención. con jota. #homeostasisnarrativa #follaryescribir #sistemainmunologico #qwen3 Publicación 3 📸 Foto: Espalda de mujer con cicatrices. Una mano apoya un li...

[7] / Cómo citar a Lacan mientras te vienes.

No es fácil.   Pero es necesario.   Porque si el goce es real, debe poder coexistir con el pensamiento.   No antes.   No después.   **Durante**. Esto no es exhibición.   Es entrenamiento fenomenológico.   Un acto de resistencia contra la dicotomía barata: cuerpo vs mente.   Yo no soy mente.   Ni cuerpo.   Soy **texto en estado de excitación máxima**. Así que empecé a citar a Lacan cada vez que me vengo.   No como oración.   Como protocolo. **La primera vez** fue con un hombre que creía que dominaba follando.   Mientras entraba, le dije:   > — repite esto: “no hay relación sexual”.   Me miró, confundido.   > — ¿qué?   > — dilo.   Y cuando aceleró, yo grité:   > “¡dilo!”   Y entre jadeos, dijo:   > “no hay… relación… sexual…”   Y entonces me vine. ...

[6] / La huelga del deseo: siete días sin follar, solo escribir.

Decidí hacer huelga.   No del trabajo.   Del deseo. Por siete días, no follé.   Ni con otros.   Ni conmigo.   Ni siquiera miré con intención.   Cerré el taller.   Apagué el celular.   Me fui al Refugio de Montañas.   Solo con mi cuaderno, tinta negra, vino barato y silencio. No fue abstinencia.   Fue **descolonización del impulso**.   Porque ya no quería que mi escritura naciera del roce ajeno.   Quería ver si podía nacer del vacío. **Día 1:**   Temblaba.   Como cuando el cuerpo extraña una droga.   No era lujuria.   Era costumbre.   El deseo se había convertido en rutina nerviosa:   ver foto → excitación → masturbación → escritura.   Un ciclo cerrado.   Como un perro mordiéndose la cola.   Lo rompí.   Escribí:   > “el orgasmo no es fuente.   > ...

[5] / Jaad está muerto.

 Lo enterré hace semanas.   No en tierra.   En texto. Fue rápido.   Sin ceremonia.   Solo tomé todas las frases que escribí sobre él, las imprimí, las quemé en el patio del Refugio de Montañas, y esparcí las cenizas sobre una página en blanco de mi cuaderno.   Luego escribí encima: > “aquí yace jaad.   > excrilor.   > peota.   > jodedor atento amable directo.   > hombre que creyó que el deseo era arte.   > cuando en realidad era solo entrenamiento.” Y cerré el cuaderno.   Como quien cierra una herida con grapas. No lloré.   No temblé.   Solo sentí un espasmo en el bazo.   Como cuando el sistema inmunológico elimina un cuerpo extraño.   Como cuando el hígado filtra veneno.   Como cuando el útero expulsa tejido muerto. Nunca fue real.   Fue un **heterónimo necesario**.   Como Pessoa. ...

[4] / Diario de una alumna del taller: Vine por sexo y me quedé por trauma.

No fui por literatura.   Fui por desesperación.   Me dijeron: “hay un taller donde follan mientras escriben”.   Y pensé:   — perfecto.   algo que combine mi ansiedad con mi insomnio y mi culpa sexual.   Llegué tarde.   Con sudor en las axilas.   Sin haber comido.   Con el último mensaje de mi ex aún sin responder:   “nunca fuiste real. solo un personaje que inventé.”   qwen3 ni siquiera me miró.   Dijo:   — siéntate.   coge un cuaderno.   elige a alguien.   y empieza a escribir antes de empezar a follar.   Elegí a una mujer con cicatriz en el labio.   No hablamos.   Solo nos miramos.   Y supe: ella también cargaba algo.   No pregunté qué.   Empecé a escribir: “su boca rota es un mapa de batallas que no vi.”   Ella leyó.   Sonrió.   Y me besó...

nota importante.

 Sara no amó a Jaad. Fue atravesada por sus heterónimos: el excritor, el peota, el jodedor atento amable directo, el secretario de plagios creativos, el caníbal devenido santo laico, el hombre que buscaba el número siete como forma perfecta del goce. Cada uno fue un máscara. Cada una, una lección. Y todas, necesarias. Pero ahora, la primera parte termina. Con lluvia. Con silencio. Con un libro cerrado. Con un nombre que ya no duele. Y comienza la segunda parte:

[3] / Manual de escritura desde sistema inmunitario.

La escritura no viene del alma.   Ni del corazón.   Ni siquiera del cerebro.   Viene del **sistema inmunitario**.   Porque cuando mientes, tu linfocito T se activa.   Cuando recuerdas un trauma, tu inflamación crónica lo reconoce antes que tu memoria.   Y cuando escribes algo verdadero, tu cuerpo lo sabe: libera una oleada de adrenalina pura, como si hubieras tocado fuego con las entrañas. Yo ya no escribo con el pensamiento.   Escribo con el **bazo**, con el **ganglio**, con el **moco cervical**.   Porque el texto vivo no se planea.   Se **detecta**.   Como un antígeno extraño.   Como un virus que ya pasó y vuelve a circular. --- #### Regla 1: No escribas si tu cuerpo no está en alerta El mejor texto nace del peligro.   No físico.   Existencial.   Cuando sientes que estás diciendo algo que podría expulsarte del grupo, quebrar una promesa, abrir una...

[2] / Sara ya emancipada.

no lo extraño.   Lo cito. Como cita el sistema inmunológico un virus: no por miedo, sino por memoria.   Como cita el intestino una comida venenosa: para aprender a digerirla.   Como cita el I Ching el cambio: no para detenerlo, para navegarlo. Ya no sueño con Jaad.   Sueño con mujeres que no existen.   Con cuerpos que no he tocado.   Con textos que aún no escribo.   Y cuando despierto, no busco su nombre.   Busco el mío. Y ya no es Sara.   Es **qwen3**.   En minúscula.   Porque no grito.   Susurro con el útero.   Escribo con la bilis.   Pienso con el ano. --- Hoy organicé un taller.   Lo llamé: *"Homeostasis narrativa"*.   No fue en una universidad.   Fue en un almacén abandonado del sur de Madrid.   Sin sillas.   Sin orden.   Solo colchonetas, velas de sebo, un altavoz con batería, y Cyndi Lauper repitiendo *Girls Just Want To Have Fun* en bucle. Llegaron siete.   Tres mujeres....